martes, 28 de agosto de 2012

Holidays

This month, during my vacation in Spain, I wanted to update the blog. Well, I also wanted to learn some German and the book has kept the packaging intact the whole time.

Knowing the advantages of having a extended family around, I expected to be able to accomplish both. During these three weeks, twenty four-seven, a minimum of four people has fed, dressed and cuddled Daniel, which should have left mummy enough time for a book and a massage. Unfortunately there are two things I didn't consider. First, that with forty two degrees, one only feel like lying half naked on the sofa and swallow whatever crap they show in Telecinco. And second, the entertaining potential of a one year old surrendered by relatives. Cooler than anything in the theaters.

I wanted Daniel to learn some Spanish word. Maybe "perro" or "coche". But nein. For starters my family already adopted "auto". "Coche" is not anymore in our vocabulary. Even when Daniel is not around it is said "I'm going to buy Dani a red auto I saw in the Chinese shop", and then, instead of teaching him how to talk, my family found a lot more amusing to teach him how to operate an abanico, answer the intercom, unblock mummy's phone and search for people's belly button.

So Daniel only learnt to lift skirts and that when his granma is in charge it is ok to stuck teaspoons in the DVD, and I have only learnt that wine and octopus in my home town is every bit as tasty as it used to. But I have to say it has been a great holiday. If only to see my leg-injured aunt dancing and playing maracas with my son it has been worth it. Priceless.

Unrelated question of the day: What mental process lead the Spanish parents to dress their children in white? Why, still, mine is always the dirtiest in the playground?

Vacaciones

Este mes de vacaciones en España tenía intenciones de actualizar el blog. Pero también quería avanzar con el curso de alemán y el libro vuelve con el precinto puesto.

Conociendo las ventajas de tener una familia española, ambas cosas me parecían más que factibles. Durante estas tres semanas, las veinticuatro horas del día, un mínimo de cuatro personas han alimentado, vestido, y achuchado a Daniel, lo cual debería darme tiempo para leer un libro y hacerme una limpieza de cútis. Desgraciadamente no tuve en cuenta dos cosas. La primera, que con cuarenta y dos grados, a uno sólo le apetece tumbarse medio desnudo en el sofá a ver cualquier porquería de telecinco, y la segunda, que un niño de año y medio rodeado de parientes puede ser más divertido que lo mejor que haya en cartelera.

Yo quería que Daniel aprendiera alguna palabra española. "Perrito" o "coche", pero nanai. Para empezar mi familia adoptó la palabra "auto". "Coche" ya no existe en nuestro vocabulario. Incluso cuando Daniel no está presente se dice "voy a comprarle un auto rojo que he visto en los chinos", y luego, en lugar de enseñarle a hablar, a mi familia le ha parecido mucho más interesante enseñarle a utilizar un abanico, contestar al telefonillo, desbloquear el teléfono de mamá y buscarle el ombligo a la gente.

Así que Daniel sólo ha aprendido a levantarle las faldas a las niñas y que cuando su abuela le cuida se pueden meter cucharillas en el DVD y yo sólo he aprendido que el vino y los chipirones de los bares de Valladolid siguen tan ricos como siempre. Y sin embargo, tengo que decir que aunque sólo sea por ver a mi tía con tendinitis bailando y tocando maracas al ritmo de los payasos de la tele, han sido unas vacaciones geniales.

Pregunta no relacionada del día: ¿Qué proceso mental lleva a los padres españoles a vestir a la progenie de blanco? ¿Y por qué aún así el mío siempre es el más sucio del parque?